Aquí os dejo un artículo extraído de la página que tenéis en la columna de al lado "Alfa y Omega", y que nos puede servir para este comienzo nuestro.
El pasado lunes, después de un mes de vacaciones sin separarnos, mi hija y yo pasamos un día entero sin vernos. Era mi primer día de trabajo y, cuando llegué, sobre las siete y media de la tarde, la pequeña María, de casi diez meses de vida, empezó a palmotear en el aire y, cuando la cogí en brazos, noté que me abrazaba fuerte; era un abrazo en toda regla.
María se apretaba contra mi cuerpo, sin tener mucho control sobre sus movimientos, pero era evidente cómo hacía esfuerzos por pegarse fuertemente a mí, sin soltarme y, de vez en cuando, se separaba, y me miraba fijamente a los ojos, como queriendo asegurarse de que era yo, de que su mamá estaba otra vez en casa, a su lado.
Ahora que todo comienza de nuevo, me da la impresión de que tengo la misma actitud ante la rutina que María. Me abrazo fuertemente a mis recuerdos veraniegos, porque no quiero que se vayan, y a veces me quedo mirando fijamente ante el largo curso que tengo por delante, para ver si encuentro alguna luz que me anime a creer que esta vez voy a sentirme orgullosa de mi día a día, que no voy a comportarme como un robot que se levanta siempre a la misma hora, que acude siempre a los mismos sitios, y que realiza siempre las mismas tareas, con sueño, para cumplir, y para volver pronto a casa y desear que llegue cuanto antes el fin de semana.
Acaba de fallecer un sacerdote, escritor y periodista, autor, entre otros, del libro ¡Ahora comienzo!: don Jesús Urteaga. Sé que hay muchas personas a las que este libro les ha cambiado la vida. El título ya de por sí anima en esta primera semana extraña, de reencuentro con compañeros, de retomar los trabajos que se han quedado casi a medias. «¡Ahora comienzo!»,dice el autor. «Lo tendremos que repetir mil veces. Y mil veces es un decir: ¡mil veces al año! ¡qué menos!»
Comenzar de nuevo implica muchas cosas. Intuyo que, a medida que pasa el tiempo, uno puede llegar a ser más indulgente con uno mismo, conocer sus puntos débiles y quizá caer en el error de creer que hay cosas que nunca cambiarán, por lo que no cabe pensar en comenzar de nuevo, sino en continuar como sea, qué más da. Pero yo creo que comenzar una y otra vez no es ser ingenuo. Hace falta una buena dosis de valentía y humildad para decir ¡Ahora comienzo! A pesar de todo, comienzo. A pesar de que me he defraudado a mí mismo, comienzo. A pesar de que me fallan las fuerzas, comienzo. A pesar de que me siento solo, comienzo.
Los cristianos sabemos que si somos perdonados desde lo alto, sería mezquino no perdonarnos a nosotros mismos. Si somos queridos inmensamente por el Señor, ¿cómo no querernos nosotros, valorarnos, luchar?
Contaba Jesús Urteaga en su libro que, cuando san Agustín oyó aquellas palabras que le cambiaron su vida: Toma y lee, supo que había llegado la respuesta del cielo, «cerró el libro. Cerró la carne. Se apagaron las angustias. Brilló intensa la luz. Se disiparon las dudas. Se llenó de paz. Todo había terminado. Bueno, todo empezaba de nuevo». A. Llamas Palacios